Dejo mi, lo reconozco, extensa review de Creamfields 2010... ténganme paciencia, los sentimientos son demasiados
Saludos.
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Lo que el viernes vivimos quienes amamos la música electrónica y la tenemos como un estilo de vida, estuvimos en el paraíso. El año pasado mencionaba que Creamfields había resucitado, que la energía vista era increíble. Este año todo eso ha quedado chico, demasiado chico frente a lo que hemos vivido.
Así como han habido ocasiones en que he expresado críticas (siempre con argumentos) a la organización cuando lo he sentido necesario, también sé cuando hay que reconocer los grandes éxitos, como el de anoche de Street Machine con Creamfields 2010, y esta vez lo hago sin reservas; me saco el sombrero.
Fue un evento inolvidable, que rozó la perfección más absoluta. Hubo problemas y errores, pero que enfrentados a la apabullante realidad de un éxito sin precedentes para la música electrónica en Chile, quedan definitivamente en segundo plano.
Partiré con los puntos bajos y seguiremos con los muchos puntos altos de una noche simplemente mágica.
Puntos Bajos
- Dentro de los puntos bajos, que ya está dicho no empañan en nada el resultado general, se podría decir que la falta de agua en algunos baños por momentos y la sequía generalizada de las barras cuando todavía faltaba una hora para el cierre son los puntos más preocupantes. Además, eché de menos la entrega de volantes a la entrada o gigantografías en cada una de las pistas con los horarios. Es cierto: los horarios estaban expuestos en un punto que era central de Creamfields, pero el tipo de material utilizado, agregado a la falta de iluminación apropiada hicieron que pasaran invisibles para muchas personas.
- El atraso de David Guetta. Hay que decirlo: rozó lo impresentable. Se entiende que en un festival así los contratiempos suceden y son casi parte del concepto mismo del festival, pero no se puede entender mucho qué fue lo que mantuvo sin música en vivo el Main Stage por 50 minutos. De nuevo: no empaña en nada el resultado final, pero es un detalle que hay que cuidar en el futuro, considerando los llamados que desde Street Machine surgieron los días anteriores al festival: organiza tu festival para ver a quienes quieres ver. Cuando se tiene un retraso de esa magnitud, no hay planificación que aguante.
- Punto aparte para la congestión más que evitable a la salida de los estacionamientos a las 5 de la mañana. En todo caso, sería injusto responsabilizar a Street Machine de esto, cuando es Carabineros quien debe velar y preocuparse de la gestión de tránsito de los alrededores de Espacio Riesco. Desde siempre se ha sabido que los accesos y salidas del centro de convenciones ha sido conflictivo, pero llama aún más la atención que teniendo esas vivencias ya más que conocidas, y sobretodo sabiendo con anticipación el nivel de convocatoria del evento, no sean capaces de darle una solución al problema. Personalmente me demoré exactamente una hora y veinte minutos en solo salir del área de estacionamientos. Muy mal, considerando además que Carabineros se preocupa con una eficiencia alarmante de cerrar barras, stages y corretear a la gente a las 5 AM en punto…
- El robo de entradas VIP antes del evento. Street Machine difundió ampliamente del robo de ciertas entradas VIP de una empresa, diciendo además que de presentarse en la puerta, no les sería permitida la entrada. Ya habían antecedentes de algo como esto en la previa a Sensation 2010, cuando pasó algo similar. Lo más llamativo de todo, es que el vendedor de esos tickets resultó ser una persona que se identificó como RRPP de Street Machine.
(IMPORTANTE: conversando en forma posterior a la publicación de este review con fuentes directas de Street Machine, al parecer NO se trata de un RRPP de la productora. Esto mejora el contexto del problema, pero no deja de ser preocupante que personas inescrupulosas usen el nombre de una empresa con alto prestigio, considerando a todas las personas que confiando en el nombre de Street Machine, compraron sus entradas y se quedaron afuera. Vaya para esa persona mi más absoluto rechazo y desprecio a su actitud.)
Puntos Altos
- En cambio, por el lado positivo, lo primero, el lugar: Espacio Riesco hizo su debut como epicentro del mayor festival de música electrónica en Chile y hay que decir que pasó el examen con sobresaliente. Una distribución correctísima de los diferentes stages, las distancias más que prudentes, accesos y áreas de conexión expeditas para el volumen de público que había hicieron que Creamfields descubriera el lugar que debiera ser, por méritos propios, su nuevo hogar por bastantes años, pensando en las posibilidades de crecimiento que existen en las áreas que tiene el recinto pero que esta vez no fueron ocupadas. Pendiente el ya mencionado punto de los accesos y salidas vehiculares.
- La cantidad y la energía del público. Street Machine informó oficialmente que 18 mil personas asistieron a Creamfields… “oficialmente”. Siendo realistas no habían menos de 20 mil personas, e incluso me atrevo a decir que en el mejor momento (al inicio del show de David Guetta), no menos de 25 mil. Nunca vi tanta gente junta en vivo para un evento de música electrónica en Chile. Y tampoco el derroche de energía que hubo en la atmósfera durante toda la noche.
- El nivel de producción. Desde la fluidez y cantidad de los controles de acceso, pasando por el increíble Sky Bar de Entel, el montaje de los stages, la calidad de las visuales, el sonido en general muy bueno, la distribución de los stands. Todo increíblemente bien dispuesto. A la altura de un festival de nivel internacional.
- El main sponsor. Aunque no lo hago normalmente, esta vez debo reconocer que Entel este año se la jugó con todo por Creamfields, y que gracias a ellos el evento logró un valor agregado que fue ampliamente acogido por el público. Su carpa-globo de experiencia, el Sky Bar, y sobretodo los sorpresivos y espectaculares fuegos artificiales que hicieron al mismo Paul Van Dyk salir de su posición para verlos en medio de su set, prueban que los auspiciadores pueden y deben estar presentes en estos eventos más allá de los pendones o stands en lugares muy visibles.
- Los estacionamientos gratuitos. Amplísimos sectores para dejar el auto, con vigilancia y a costo cero para sus usuarios, lo que evitó el desarrollo de la verdadera mafia que se forma entre los “cuidadores” de autos, que te cobran y que lo único que no hacen es preocuparse de tu vehículo.
- Las pantallas LED en todos los stages. Y que no fueran con el mismo tipo de montaje en todos lados. Normalmente estamos acostumbrados a que las LED se quedan en los stages principales y con suerte en el segundo en importancia, pero no es común ver que se esmeran tanto en cada uno de los sectores. Punto muy alto.
- El control de tickets en la entrada. Sistemas automáticos digitales, más allá del clásico encendedor para ver si el ticket enciende o no. Primera vez que los veo en un evento de Street Machine y ojalá sea recurrente su uso en el futuro.
- La calidad general del line-up. Era lo que se venía pidiendo hace tanto tiempo para un festival como Creamfields. Este año vinieron exponentes de absoluta primera línea de la escena electrónica mundial, y eso el público lo retribuye primero agotando las entradas y luego dando y compartiendo su energía a lo largo de todo el evento.
- El servicio de comidas, más allá de los tragos. Una novedad completa en esta Creamfields fue que Street Machine “incursionó” en el negocio de vender comida, sin intermediarios, en sus eventos. Debo reconocer que no probé el servicio, pero los comentarios, ampliamente favorables, me hacen pensar y creer que se trató de una buena experiencia.
- El espacio para DJs nacionales. Esta es otra falencia que aparece seguido cada vez que hay eventos de este tipo, sean de electrónica o no: el poco espacio que se les da a los exponentes nacionales. Esta vez hubo espacio para muchos, de hecho fueron más que los internacionales, y eso se agradece, porque primero, permite difundir lo que se hace por estos lados, y segundo, permite que estos eventos se consoliden como verdaderos semilleros de nuevos talentos en Chile.
- David Guetta. Más allá de su performance, que a mi gusto estuvo más floja que el 2009, el francés demostró en términos absolutos a qué nivel convoca y domina a las masas. Guetta hoy es una megaestrella de la música, más allá de la electrónica, que logra la locura total de su público cuando se lo propone, dueño de un carisma que solo le da más valor agregado a algo que ya vale mucho por si solo. Previo a su show se logró sin dudas el momento de más convocatoria no solo del Main Stage, sino del festival completo; la expectación que provoca es de verdad impresionante.
Presentaciones
- Dentro de los que vi, este es mi análisis. Me quedó por ver a Steve Lawler y Laidback Luke, que no los alcancé por la demora del montaje de Guetta.
* Faithless. El que abrió los fuegos pesados en Creamfields. Un clásico total de la música electrónica, una presentación sobria, funcional, que con una puesta en escena sencilla logra traspasar y demostrar todo el talento que esta banda tiene. Clásicos como Insomnia o We Come One con los dedos al aire fueron infaltables. El público, que ya llegaba masivamente y los tacos en las calles eran eternos, respondió de forma entusiasta aunque no eufórica. Un show ideal para partir una noche memorable.
* Mark Knight. Debo reconocer que lo incluí a última hora y sin mucho ánimo en mi recorrido. La sorpresa fue enorme. Un set que me tuvo más en el aire que en la tierra de tanto salto en la media hora que lo escuché. Un DJ del cual ahora me declaro seguidor.
* David Guetta. La presentación más esperada de la noche, aunque en realidad la lógica siempre indicó que no debía ni podía ser el mismo set del 2009. Y fue lo que hizo: si bien hubo temas de su último trabajo (One Love), su show consistió básicamente en un recorrido por los temas anteriores… y el problema es que antes de One Love, Guetta no era una megaestrella. Dos horas que me dan la impresión que pude haber aprovechado mucho mejor, especialmente por la demora inicial con las consecuencias en mi recorrido. Cumplió apenas.
* Calvin Harris. Otra media hora dedicada a un DJ impresionante, por la energía, por el carisma, por la alegría de su set. Estar en Cream Arena en ese momento valía la pena de estarse perdiendo los primeros minutos de Paul Van Dyk en el Main Stage. Otro perfecto desconocido para mí, pero no al punto de Knight, porque al menos había leído algo de su trabajo, aunque no lo llegué a escuchar antes de Creamfields (excepto “Flashback” que estuvo omnipresente). Otra sorpresa de las grandes.
* Paul Van Dyk. Un viejo conocido por estos lados, quien sin embargo no se había aparecido hace ya años. Un artista absolutamente consolidado en la electrónica mundial, con un sello propio, que no convoca a las masas de Guetta, pero que sí logra encantar totalmente a su igualmente muy numerosa audiencia. Lo de él el viernes fue una de esas presentaciones que llegan en el momento justo, con los temas justos, en el contexto justo. Su música fue el telón de fondo de unos sorpresivos y espectaculares fuegos artificiales, y el cierre perfecto a un festival que ve el futuro más brillante que nunca.
Para tener en cuenta
- Creamfields volvió a sus orígenes, con todo lo positivo que eso implica. Y Creamfields debe seguir creciendo en Chile, porque la noche del viernes demostró con creces que si las cosas se hacen bien, público hay demás para el éxito de estos eventos. También el crecimiento se debe dar en cuanto a horarios: Creamfields debe comenzar más temprano, por tres razones: una, porque permite que más exponentes puedan mostrar su trabajo; dos, porque así se evita la superposición de muchas figuras peso-pesado en el mismo horario y tres, porque hay una ley que nos corta la fiesta arbitrariamente a las 5 AM, con unos Carabineros demasiado entusiastas por cumplirla.
- Cream Arena quedó chico. Más que los otros stages, digamos. No sería mala idea ampliar el espacio de baile en las futuras Creamfields para un stage que tiene muchísimos seguidores, y que es sin dudas el segundo en importancia en el festival.
- La sequía de las barras. Llama la atención esto cuando ya hace tiempo Street Machine venía sin problemas en este punto. El comentario general es que ya a las 4 de la mañana, con una hora todavía por delante de fiesta, las barras sufrían de falta de stock sobretodo en los productos con alcohol. O hubo un consumo muy por encima de lo normal, o simplemente todas las estimaciones fueron equivocadas, habrá que verlo, y sobretodo solucionarlo para que no se vuelva a repetir.
- La falta de agua en los baños. Y fue algo generalizado: algunos del sector VIP también estuvieron sin agua prácticamente toda la noche. Es dable que la responsabilidad directa no sea de Street Machine en el origen del problema, pero sí lo pasa a ser cuando se tratan de servicios de -literalmente- primera necesidad para su público.
- Los token. OK, no el sistema completo, que hay que decir que funcionó de forma en general muy eficiente (y que los precios fueron muy razonables), pero hubieron no pocos problemas a la hora de canjear los sobrantes para la vuelta a casa, al estar ya a las 5 AM la mayoría de las barras totalmente vacías. Y eso se produce, en gran parte y sin dudas por la majadería de Carabineros en hacer cumplir una ley, con todas sus letras, absurda, que hace que haya que esconder existencias para evitar multas. La recomendación entonces es para el público: canjeen los sobrantes ANTES de que la fiesta termine. 10 ó 15 minutos de anticipación serán suficientes para conseguirlo.
- El monumental taco de salida. Y aquí Carabineros es el único y gran responsable de que hayamos pasado una hora y veinte tratando de salir solo del área de estacionamientos, de la cual una hora y diez estuvimos prácticamente en el mismo lugar al que llegamos a la fila. Un abandono de responsabilidad enorme, sobretodo, insisto, cuando son ellos mismos los que entran en gran número y con balizas encendidas al recinto del festival a clausurar cuanta barra encuentran abierta y a echar afuera a quien se les cruce por delante cuando todavía no son las 5:01 AM. Hay un tema de prioridades que aquí no se respeta o no se tiene claro, y esas no creo que sean precisamente andar echando a gente para cumplir de forma obsesiva con una ley que, hay que decirlo, es una exageración extemporánea y retrógrada por donde se le mire.
Para cerrar, vaya mi firme reconocimiento a Street Machine por el nivel de producción de esta Creamfields, a pesar de los problemas y errores. Como dije al principio, me saco el sombrero sin reservas por lo que lograron. Gracias por darnos una noche mágica, por hacerme recordar todas esas demasiado buenas razones que me hacen amar la música electrónica.
La noche del 12 de noviembre del 2010 todo lo mejor de un estilo musical incomparable asomó en Santiago de Chile.