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El Dr. No ha muerto; ¡Viva Planeta No!

El Dr. No ha muerto; ¡Viva Planeta No!

Hace cuatro años, cuando Gonzalo García, Camilo Molina y Juan Pablo Garín —voz y guitarra, bajo y batería, respectivamente— formaron la banda Planeta No, pensaron en los discos chilenos que más les gustaban. Se les pasó por la cabeza Bailar y llorar (2008, Oveja Negra) de Teleradio Donoso, Odisea (2010, Oveja Negra) de Odisea y Éxito Mundial (2011, Cazador) de Adrianigual. Dos nombres se repetían en los créditos de todas esas placas: Álex Anwandter y el ingeniero en sonido Carlos Barrios. Googleando llegaron al Estudio Triana. Tocaron el timbre y los recibió Barrios.

—Hola, queremos hacer un disco con Álex Anwandter.

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La idea era más o menos esta: secuestrar naves espaciales en órbita para dominar el mundo y propagar el caos. “Los americanos son idiotas, les ofrecí mis servicios y los rechazaron al igual que el Este. Ahora ambos pagarán por su equivocación», dice el Dr. No, villano de la primera película de James Bond.

Pero todo pasa así: 007 sangra un poco, no se despeina, rescata a la chica de turno, destruye el plan maestro del Dr. No. El final de la historia debería ilusionar, pero no. El plan de que exista un Planeta No muere con el Doctor en ese reactor nuclear en Cayo Cangrejo, Jamaica, pero vive en Santiago de Chile.

No buscan la dominación mundial, ni la venganza en contra del Este y el Oeste, o algún ataque nuclear. Los planes de Planeta No son tan humildes como irrenunciables: seguir tocando harto y que la honestidad sea su método de trabajo.

“Me interesa que entreguemos un mensaje específico, independiente de que cale hondo o no. Que se sepa que la banda es de tal o cual manera. Cuando eso es sólido igual marca al que lo recibe, le guste o no. Creo tenemos las posibilidades para hacer eso y que a la gente le guste. Me da lo mismo si es mucha o poca gente, lo que me interesa es que les guste demasiado. Me da igual el resultado, voy a seguir trabajando», dice Gonzalo García.

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Llegaron sólo con las ganas. Tal vez, un par de canciones. Aunque tenían una certeza: su primer disco debía sonar elaborado, no debía ser producido por ellos mismos, sino por Álex Anwandter y Carlos Barrios. En ellos veían una evolución interesante, notoria. “Su caso es como el de los Arctic Monkeys. Chucha que han evolucionado, para bien o para mal. Son personas que investigan y eso nos crea admiración profesional», cuenta García. Hoy, cuatro años después, ya están grabando su disco debut que estará listo, tentativamente, en marzo de 2015.

¿Cómo ha sido el trabajo en conjunto con Álex Anwandter?

Gonzalo García (G): Bueno. Él está súper ocupado con su película —Nunca vas a estar solo—, tocatas y su disco nuevo. A veces logra hacerse el tiempo para la grabación, un par de meses de edición o producción. El hueón es seco. También es difícil trabajar con una banda porque solemos ser menos receptivos que los solistas o dúos. Unos a otros nos reforzamos nuestras opiniones y creemos que eso es la verdad absoluta. La producción de un disco está llena de pequeñas discusiones sobre minucias estéticas. Álex tiene una personalidad fuerte y nosotros tres también. Es interesante lo que pasa.

¿Cómo definirían su primer disco?

G: Es como el pop chileno pero tiene otras adiciones que van más allá de lo que se ha hecho hasta ahora. No porque seamos mejores, sino que porque ocurre después. Es como “post pop chileno». Tiene más exploraciones de las que hubiese hecho cualquiera del pop chileno hoy.

Camilo Molina: Aparte, igual le hemos dado bastantes vueltas a las canciones. Algunas existen hace uno o dos aresante.ys. Chucha evolucionan, paños y otras salieron durante el proceso del disco. Está todo muy procesado por nosotros.

G: Está bueno, hueón. Está teenager.

¿Cuál es el relato que recorre su primer disco?

G: Son historias chicas que pretenden pasarle a todo el mundo pero en verdad no son tan usuales. Aunque todo el mundo piensa en ellas. Por ejemplo, hay una canción que se llama “Tengo zapatillas con luces de colores». Yo no las tuve, pero hubiese querido tenerlas. Otra que se llama “Vacaciones de invierno» y es eso, una escapada a la playa que hice, pero más viejo. Cruzando todos estos relatos uno puede tener una referencia: es un joven que está en cuarto medio, quizás estuvo en la revolución pingüina o está en la plaza tomando chelas.

Parte así: con una imagen. Los chicos de Planeta No tocando. En algún bar de Santiago. Casi siempre autogestionado. Las caras que se repiten en sus presentaciones les pedían grabaciones, canciones, algo; pero el lanzamiento del disco aún se ve lejano. Así nace Matucana (2014, Beast Discos), el primer EP de Planeta No. Una forma de calentar un poco el fuego antes del LP.

Matucana, como ese barrio en que se mezclan tres comunas del Gran Santiago: Quinta Normal, Estación Central y Santiago. Ahí, Juan Pablo Garín y Camilo Molina fueron empaquetadores luego de llegar de Concepción mientras estudiaban. Gonzalo García vive actualmente en esas calles. “Nos gusta el barrio. Es de clase media, chileno, hay harto escolar tomando cerveza en las plazas, restoranes y organizaciones de izquierda. Podría ser cualquier barrio de cualquier ciudad de Chile», dice García.

En Matucana EP conviven canciones synth pop y otras más oscuras, íntimas, garaje. Siempre pegajosas. Con esa vocación pop irrenunciable de ser música para bailar, de fiestas perdidas en algún barrio que aún no sucumbe ante la gentrificación. La canción “Señorita» es un viaje hacia el encuentro de la verdadera identidad sexual, la quema necesaria de una apariencia, un cuerpo, extraño; en “64» está el recuerdo de una intimidad devastada, imposible, una relación deshecha; en “Ya no veo mis zapatos» se filtra la obsesión de Gonzalo García por el cine —”Mi novia se desnuda en películas de clase B. Yo nunca había pagado tanto, tanto, para verte»—, y “Casa okupa» es una especie de declaración de principios de la generación nacida a principios de los noventa. “Y sólo nacimos en 1990», canta García.

Y finalmente es eso: juventud. El paso de los años como una derrota. Canciones sobre adolescentes que hacen sentir jóvenes, vivos, a los jóvenes y muy viejos a los viejos. Poner las cosas en orden.

Planeta No puede observar al nuevo pop chileno desde la lejanía que entrega el estar comenzando pero, también, desde dentro: mientras Juan Pablo Garín es el baterista de Ases Falsos, Camilo Molina es el bajista de Dënver. “Fueron pegas que salieron durante el proceso. Planeta No estaba antes de eso. Somos los tres de Concepción, nos vinimos a trabajar y hacer música. Así nos topamos con Dënver y Ases Falsos. Hemos visto la otra parte de esas bandas», dice Molina.

¿Cómo se ven ustedes en la escena? ¿Qué los diferencia? A veces, es súper difícil filtrar nuevas bandas chilenas porque suenan todas muy parecido, hay un sonido muy uniforme…

G: Sí, cualquier banda podría ser una maqueta de Javiera Mena. Hay cosas en las que confiamos, que tenemos como características que se van a plasmar en una trayectoria. Somos de clase media, tenemos una visión política distinta que las bandas que conocemos y admiramos del pop chileno. Sobre todo, porque somos un par de años más chicos y eso nos conecta más con lo que están pensando muchos cabros hoy día. Por ejemplo, la izquierda revolucionaria es un pensamiento casi hegemónico en chicos que están saliendo del colegio y nosotros reivindicamos eso. No es el centro de nuestras letras, pero eso nos distingue de inmediato. Como si fuese una ropa que no nos podemos sacar. Como si fuese un acento o ser del sur.

Fotos por Mila Belén

Source:: Vice.com

admin

November 25th, 2014

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